“Nada tiene tanto éxito como el éxito” y “todo el mundo ama a los ganadores” son axiomas muy ciertos. Hoy el mundo admira a las celebridades; cada semana hay un nuevo héroe, una nueva diva que alcanza el estrellato, un nuevo Trump en el mundo de los negocios. ¿Por qué cada vez que escuchamos una historia de éxito, una parte de nosotros se entusiasma, deseando estar en ese lugar? ¿Será la suerte, karma, esfuerzo o habrá algún tipo de “vibración de éxito” que tienen unos y otros no? ¿Será que hay una fórmula que pocos han sido capaces de descifrar? ¿Serán sus contactos o sus relaciones públicas?
Debido al trabajo que realizo, tengo la fortuna de interactuar con muchas personas, cada una es un ejemplo de éxito dentro de su propia rama: políticos, trabajadores sociales, literatos, magnates de los negocios, maestros espirituales, gurús, artistas. Trato de imaginarme qué hace a esa gente única y, en muchos casos, he tenido la oportunidad de preguntar cuál ha sido el secreto de ese éxito. Ellos, generalmente contestan: “No sé” o “he recibido la bendición de Dios” o “solamente suerte, supongo, me siento bendecido”.
Hace un año, como instructora de manejo del estrés, conocí a una gran artista, conocida como “la dama del Casco”, y le pregunté, ¿cuál era la fuente de su inspiración? Después de pensar respondió “La Biblia, mi madre me enseñó a leerla y a conducirme de conformidad a sus preceptos”. En ese tiempo yo pensaba que era muy simple dar una respuesta para definir realmente el proceso creativo de un hombre, pero reflexionando descubrí que ella estaba simplemente viviendo lo que Maslow describe como la necesidad más elevada de la vida humana: el trascender espiritualmente. He visto que solamente aquellos que cuidan su lado espiritual son capaces de sostener su nivel de éxito.
El mejor ejemplo para nosotros es Mahatma Gandhi, una persona que hizo de la espiritualidad no solo su fuente de placer o forma de vida, sino su comportamiento muy característico de vivir la vida. No pasaba un solo día sin leer el Gita y hacía reuniones matutinas y vespertinas de oración en las que todos asistían, sin importar casta o religión. La fortaleza interna que irradiaba era la base real de una nación que ganaba su libertad, ya que Gandhi fue capaz de unir las masas y dirigir su energía en una sola dirección.
La espiritualidad ha llegado a ser una palabra confusa de la nueva era, o es solamente una reducida interpretación o percepción de lo que es espiritualidad. Cuando usted pasa a la dimensión espiritual de su vida, usted empieza a conocer su verdadera naturaleza. El pequeño “yo” y lo “mío” desaparecen. En la dimensión espiritual nuestra percepción y expresión de la vida cambian. Aunque nuestros cuerpos sean un compuesto de proteínas, carbohidratos, aminoácidos, sangre, músculo y tejido, la fuerza real que mueve la vida es el espíritu que hay dentro, que es pura energía o conciencia, amor o como le quieran llamar.
Es el espíritu humano el que ha dado pie a cada invento, innovación y obra de arte. La historia de la evolución del hombre y de la raza humana es una crónica de la espiritualidad, la búsqueda de la excelencia de los individuos que luchan por mejorar la calidad de la existencia. Y cada caso de éxito y celebridad que se ha estudiado estaría incompleto si dejamos de examinar el componente espiritual. Algunos de los momentos que más satisfacciones me ha dado son los compartidos con “la dama del Casco”, la artista.
¿Cuál es la fuerza, la vibración, que la mueve a realizar los hermosos cuadros, cajitas, esculturas, más allá de su frágil y delicado cuerpo? Definitivamente su fuerza espiritual, su riqueza de alma.
El éxito más grande ha sido de los que han luchado por el dominio más alto de la excelencia, en donde trascienden los parámetros de su talento y vocación al terreno de la simplicidad, donde todo lo que importa es ser los mejores seres humanos; una paradoja que merece atención, donde el humanismo es la medida de la trascendencia. Creatividad, sensibilidad, responsabilidad y una implacable búsqueda de la excelencia son algunas de las características de la espiritualidad. Mi maestro Sri Sri Ravi Shankar me dijo “Competir con los demás es arrogancia; competir con usted mismo es confianza”. No se trata pues de inversiones y decisiones inteligentes, se trata de quien eres por dentro. Hoy en día se ha globalizado todo menos la sabiduría y esta es una de las causas del terrorismo y la violencia en el mundo.
El cambio no es posible, si nosotros mismos no lo hacemos.


