Autor: Demetrio Olaciregui Q.

La pandemia del Covid-19 está mostrando la verdadera cara de los seres humanos en todo el mundo, muy especialmente de quienes cumplen funciones de liderazgo. En política hay una realidad incuestionable: las crisis son un escaparate para quien las gestiona. Pueden ser una vela o un ancla.

En medio de esta emergencia sanitaria, el presidente Nito Cortizo ha fortalecido su liderazgo al emerger como el jefe político indiscutible de los panameños, con las atribuciones que le confiere la Constitución, acrecentando su autoridad moral.

En tiempos de zozobra, la capacidad de decisión, la celeridad y la oportunidad para tomar las medidas son cruciales. También lo son la forma cómo se comunica. El tono y contenido de los mensajes transmitidos por Nito le han dado el soporte adecuado, acompañado de una imagen serena y mesurada que demuestra que está en control y sabe lo que hace.

Cualquier vacilación, incoherencia y demora ante la pandemia, hubiera resultado inaceptable por los panameños. Calibrar la dimensión de la amenaza es difícil para los ciudadanos. Algunos cuestionan el confinamiento y el toque de queda. Pero advierten que están en peligro.

Como toda emergencia rompe la rutina y hay que administrarla con gradualidad, Nito impuso la voluntad de ir paso a paso, con la proporcionalidad como regla. No coqueteó con la irresponsabilidad y negacionismo con que han actuado otros jefes de Estado regionales. El coronavirus es el mismo en todas partes. El cambio está en cómo lo enfrentan los países. La manera como los ciudadanos contengan la pandemia actual determinará cómo será recordada esta generación de panameños.

El país ha entrado en un camino plagado de desafíos. En momentos en que la salud y la vida de todos los panameños están en juego, Nito tiene que continuar marcando las pautas de conducta y convivencia colectiva. Al declarar la guerra sanitaria al coronavirus ha buscado el equilibrio a fin de que las drásticas medidas para combatirlo no sean peor que la enfermedad. Se trata de una batalla para derrotar el virus -que se originó en China hace seis meses y que al inicio fue ocultado irresponsablemente sin revelar valiosa información que hubiera evitado su propagación global-, convertido en un enemigo invisible, evasivo y mortal. A ese enemigo invisible hay que hacerlo cada vez más visible para combatirlo mejor.

Junto con salvaguardar la salud de la población, salvar la económica también debe ser una prioridad. Ninguna sociedad puede proteger la salud pública por mucho tiempo a costa de la salud económica. Tampoco puede pensarse en actividad económica posible, y menos crecimiento, sin una población que goce de buena salud. En consecuencia, es urgente mitigar el costo humano de la enfermedad y evitar que aplaste la espalda de los más pobres y necesitados.

El Estado debe asegurarse con urgencia el suministro mínimo vital para que quienes viven sin reservas puedan enfrentar esta batalla por la salud y la vida. Al aislar al coronavirus, Nito debe contener también la voracidad de aquellos empresarios y políticos -inmutables ante la pandemia- que pretenden con prácticas insolidarias sacar provecho de la crisis actual.

Debe manifestarse ahora un civismo acorde con el deber de cada panameño y respaldar a Nito en la primera línea de fuego mediante la solidaridad que cada uno porta en su ADN, acompañándolo en la conducción de la nación a través de esta tormenta.

Hay que mirar, al mismo tiempo, hacia adelante. Una vez alcanzado el pico, y entrado en la fase en que la pandemia se nivele, debe tenerse una estrategia de salida y de cómo van a levantarse las restricciones para volver paulatinamente a la normalidad, pese a que el coronavirus no va a desaparecer completamente.

Esa etapa demanda un mayor esfuerzo de difusión y coordinación en términos prácticos, sobre todo cuando la nación debe prepararse para horas más difíciles con el fin de anticipar escenarios más esperanzadores en esta crítica situación nacional y mundial.

En el país ha comenzado a desplegarse una corriente solidaria como la que ha caracterizado a los panameños en otras circunstancias cruciales de su historia. Es responsabilidad de todos apoyar las acciones de Nito para que continúe inspirando a la nación, a fin de que en esta emergencia sanitaria aflore lo mejor del alma de los panameños.

El autor es periodista