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Panamá requiere de un modelo de Estado eficiente. Eustorgio Otero Castillo

 

Los subsidios no son malos, pero hay que instaurar un sistema adecuado para otorgarlos y por motivos claros. En otros países europeos, asiáticos y americanos, cuyos Estados dan ejemplo con su éxito, los niveles de pobreza son casi inexistentes, y se otorgan subsidios en diferentes situaciones, por ejemplo, a padres y madres solteras (os), desempleados y, por edades, entre otros. Sin embargo, en esos países (Alemania, Japón, Finlandia, Canadá) prevalece la cultura de la innovación y se exhorta a los ciudadanos a generar, a producir, a inventar, a soñar, y a no descansar porque el futuro es de ellos. Y como cuentan con un subsidio, sus ciudadanos no se preocupan por su alimentación ni por su vivienda.

En materia de salud pública Panamá dispone de indicadores de enfermedades, por áreas, edad, tipo y situación, así como índices de natalidad y mortalidad, entre otros. Sin embargo, en los lugares más pobres carece de infraestructuras, médicos, enfermeros, personal administrativo e insumos para atender la salud de los más necesitados. En algunas áreas de difícil acceso los médicos y el personal ni siquiera van a los puestos y subcentros de salud.

Por eso, crear y aplicar leyes rígidas, desde la Procuraduría de la Administración, para estos funcionarios es un deber del Estado.

La situación actual que atraviesa el país, debido a los casos de corrupción en que incurrieron los miembros del pasado gobierno, y que ahora se empiezan a investigar, nos lleva directamente a exigir una justicia que propugne la “certeza del castigo”, como condición intrínseca. En la que la Procuraduría de la Nación y la Contraloría jueguen un papel importante.

A las generaciones futuras les debemos inculcar el total repudio a los actos de corrupción, y el respeto a los valores morales y cívicos, como ejemplo de vida. A exaltar el patriotismo, el amor a nuestra bandera, a nuestro suelo y a dar su propia sangre por una causa noble y justa.

En 1945, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Alemania, Japón y Europa entera estaban en escombros, mientras que en Latinoamérica vivíamos en ventaja. Sin embargo, hoy en día estamos sumergidos en el subdesarrollo y muy lejos de la tecnología de ellos. Esto es producto de una cultura pro Estado, en la que existe algo parecido a la célebre frase panameña “yunta pueblo-gobierno”.

Lo que ocurrió en Panamá en los últimos cinco años nos debe fortalecer como nación, y las situaciones difíciles deben dotarnos del carácter que se requiere para gobernar con mayor transparencia.

Educación, certeza del castigo, innovación, patriotismo, la capacidad de soñar y la práctica de valores son la clave del éxito y del futuro Estado panameño.

Estoy seguro de que con los más de $3 mil millones que están en duda por los sobrecostos en las obras estatales (sin haber podido evaluar aún el costo de otros proyectos llave en mano, que quizás sumen $2 mil millones adicionales) y con el grupo interdisciplinario de profesionales adecuado, podemos llevar a Panamá al siguiente nivel. Convertirlo en un Panamá sin pobreza, ese debe ser el reto.

Exhortamos al Presidente de la República, y nos hacemos eco de las palabras que pronunció el pasado 2 de enero, para que entre a la historia como “el presidente que inició la labor para llevar a Panamá al siguiente nivel”.

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